martes, 19 de mayo de 2009

El hermano


Parecía ser una mañana como otra cualquiera, como otra de tantas que había tenido últimamente. Su celda permanecía escrupulosamente limpia, con los zapatos aireados a los pies del suntuoso armario de cuatro puertas. Gustaba de alinearlos para tenerlos siempre a punto por si era preciso salir corriendo. Uno de esos pares lo había comprado recientemente con la ilusión de peregrinar cada amanecer a la pirámide que, decía, le iban a encomendar construir, pero esa mañana, al contrario que las anteriores, recibió la llamada del Faraón. No contaban con él, sin haber tocado aún ni una piedra, sin haber podido demostrar su valía.

La realidad es esta y no otra. Querer desplegar las alas provoca golpes de tijera por doquier. Terminar nuestra maldita carrera y aspirar a más disuade a los caciques de ofrecernos un jornal digno. Es fácil caer en la desilusión y el hastío, pues lo que estamos viviendo no tiene nada que ver con lo que una vez llegamos a imaginar. Somos los peones de una partida de ajedrez, manejados por jugadores mediocres que nos menosprecian e ignoran nuestra verdadera valía.

jueves, 30 de abril de 2009

Rock


Sumido en mi ensimismamiento, sentado en la silla y moviendo compulsivamente las piernas, la vi pasar de largo tras el marco de la ventana. Apenas recordaba que la echaba de menos, y después de mucho tiempo volví a verla. Su esencia y su olor se habían convertido en vagos retazos dentro de mi memoria, pero ese segundo fugaz los dibujó de nuevo.

El destino había conspirado en el pasado para que nos conociéramos y quedara prendado de ella. Nunca supe si realmente me llegó a querer, y yo, sin embargo, la quise tanto que durante una época llegué a no soportarla. Mas ahí se encontraba otra vez; de un soplo olvidé todo el mal que me hizo y fui tras ella como un perrillo faldero.

sábado, 28 de marzo de 2009

Gran Colapso


Se está bien en esta nube. Llevo tiempo arrebujado entre algodones, sin más compañía que una guitarra, una pila de libros y un calendario, cuyos días van cayendo como hojas de otoño sin apenas darme cuenta. El reloj universal incrementa su frecuencia y a su vez mi reloj biológico se ralentiza, pero no me preocupa ver cómo pasa todo tan deprisa: me remuerde más otro asunto.

Se está bien, pero no se vive en esta nube. Aquí ya no aspiro a más, he alcanzado la plenitud y, teniéndolo todo, sólo queda la muerte. En el momento en que salté al abismo, escapando de mi prisión, acepté ser libre y renuncié a mi existencia.

Los hombres somos siervos de nuestros sentimientos y nuestros vicios, y una persona libre es aquella a quien nada le ata: ni contratos, ni pasiones, ni recuerdos. Si eres libre, entonces no eres un ser humano. El deseo es una necesidad, pero en el momento en que ya nada se quiere, ¿qué esperas, sino el caos? Sin desear, no se es. Y sin ser, no se existe. Por ello, en esta nube no soy, simplemente estoy.

jueves, 12 de febrero de 2009

Saltar


El lunes recibí una nota. Llegó por la ventana y se abrió sola ante mis ojos. Rubricada por mi conciencia, decía lo siguiente:

"Cuando la realidad se colorea de gris, la ilusión se aburre y se torna rutina, y no hay otra vía de escape posible, la palabra de honor dada por un hombre se amontona en el legajo de sus promesas incumplidas. Porque si él no mira por su propio interés, nadie lo hará, y si no camina hacia su meta, sino que serpentea para complacer a los demás, cuando ya nadie haya, se habrá perdido en un bosque de indecisiones y no podrá escapar."

Hacía semanas que el tedio me había paralizado huesos y cerebro. La situación se antojaba insostenible. Los pájaros que encontraba a mi paso estaban muertos, y el único que había hallado con vida se había convertido en gusano. Sin embargo, guiado por la lástima, o algún sentimiento morboso que no alcanzaba a definir, lo adopté desde entonces como mascota para que devorara todo aquello que despidiera un poco de luz. Excepto aquella nota. ¿Eran esas las órdenes procedentes del Ministerio de Inhibición Herética? Quise creer que sí.

sábado, 31 de enero de 2009

Pájaros


Abrigado con chaquetón, pantalones de pana, botas de invierno, gorro y guantes de lana, pero aun así aterido por el frío, camino diligentemente por una calle cuesta arriba, siendo hora temprana, pero en ausencia del sol, y a cada paso que doy encuentro un ave muerta en el suelo. En ocasiones son palomas; otras, golondrinas o jilgueros. Si se tratan de individuos adultos, los ignoro, pero si en cambio son crías, se me encoge el corazón. Anhelo la sensación de libertad que siempre se ha asociado a las aves, pero contemplar el abandono que decora un bulto inerte en un enlosado helado me hace replantear si es esa la libertad que deseo. Libertad que desemboca en soledad.

Si me detengo a contemplar el cadáver de una cría de golondrina, identifico varias filas de hormigas que devoran su carne, empezando por los ojos y terminando por la cloaca. Esa es la vida. En cuanto atisban un síntoma de debilidad, te arrancan lo más preciado. Lo que antes era símbolo de libertad ahora se encuentra arrebujado entre naranjas podridas y barro, y cuando sea mediodía, algunos niños jugarán con ella a la salida del colegio, respaldados por su maliciosa inocencia.

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Cuento de Navidad


Hace tiempo que dejó de gustarme la Navidad, aunque supongo que el desencanto afecta a más gente además de a mí, y por ello no supone una carga que me convierta un poco más en hereje.

Esta fría época del año queda retratada por una tarjeta de felicitación con dos caras: en la delantera aparece un bebé envuelto entre sábanas, despierto y sonriente, rodeado por unos padres felices, un buey y una mula. Se alojan en una pequeña grieta abierta en una roca inhóspita, pero la pobreza que rezuma la escena queda completamente eclipsada por la alegría del advenimiento de la criatura y por una procesión presidida por tres personajes nobles, vestidos con ricas prendas, que se dirigen al lugar. En la cara trasera de la tarjeta de felicitación aparece el mismo bebé, ya dormido y refugiado entre el calor de las dos bestias, y los padres, algo retirados. La hoguera, que antes proporcionaba un poco de calor, está ahora a punto de esfumarse, pero su luz es suficiente para captar la congoja en el rostro de los padres: la miseria ha vuelto a sus corazones.

lunes, 1 de diciembre de 2008

La mierda


Siete días, siete malditos días son los que llevo sentado en esta silla, y puedo asegurar que no la echaba de menos. Prefiero morir de pie que vivir sentado en ella. Cama, silla, ventana, y cama, y silla, y ventana. Un ciclo repetitivo cuya entrada es tan sencilla como difícil resulta salir de él. Las luces de la ventana me insuflan estupor hipnótico, como el de las luciérnagas cuando se acercan a a las farolas; soy un bichito de luz de sesenta y cinco kilos. No encuentro el lápiz y tampoco el maldito papel. Sin ellos no soy capaz de poner en orden las ideas, y éstas están tan ordenadas como la hierba en el bolo alimenticio de una vaca.

Desde que mi psicólogo me obligó a volver a ingresar en prisión, no he sido capaz de encontrar el sentido de este paso hacia atrás. Qué sencillo le resultó persuadir a su mascota. No he recibido nota alguna por la ventana, y a través de ella no percibo excesiva actividad, a no ser el tedio que resulta de exprimir la rutina hasta su última gota de jugo. Algunos desconocidos se pasean por el pasillo de la prisión; parecen muy ocupados en sus quehaceres, pero apenas les presto atención, aunque en realidad son ellos quienes me ignoran.

lunes, 24 de noviembre de 2008

El enemigo


"Por fin te encuentro", dijo, a mi espalda, una voz profunda e hirsuta. Giré y vi mi reflejo en un espejo, sólo que no era tal: La persona que me hablaba era yo mismo, pero con el rostro más pálido, facciones acusadas, el pelo más largo, y la mirada oscura e inquisitoria. Su imagen rezumaba una maldad innata.

"¿Quién eres?", fue la única pregunta absurda que salió de mi boca.

"Considérame a partir de ahora como tu psicólogo", contestó, experimentando su tono de voz una ligera inclinación hacia la sorna. "Estaré siempre vigilándote y apareceré en los momentos más complicados para ofrecerte mi ayuda; gracias a ella saldrás bien reforzado, bien hundido. Mira". Extrajo del bolsillo de su pantalón una pastilla intacta, semejante a las que tanto deseaba tomar desde aquella primera vez en mi celda y no consumía desde hacía días, y la mostró sosteniéndola con sus dedos.

viernes, 21 de noviembre de 2008

Los diez mandamientos


Una vez que descubre la sociedad, el hereje debe integrarse en ella lo más presto posible. No es recomendable caminar al libre albedrío, porque se corre el riesgo de caer en la desesperación, tal y como estuvo a punto de ocurrirme a mí. Para ello es necesario darse de alta en el Ministerio de Inhibición Herética. Esta institución es la encargada de hacer cumplir satisfactoriamente todas las tareas impuestas al hereje antes de considerarse miembro de pleno derecho en la sociedad, y de velar, a partir de entonces, por el cumplimiento de los Diez Mandamientos de todo individuo social.

Tras inscribirse en el registro del M.I.H., el hereje dispone de un psicólogo que debe orientarle en todo momento, pero ni lo eligen ellos, ni lo elige él: El psicólogo es quien elige al hereje.

jueves, 20 de noviembre de 2008

El amigo


Ayer volví a hablar con un viejo amigo. Sucedió después de los disturbios, en un lugar solitario, al amparo de la sombra de los cipreses. Me había acercado hasta allí para poder descansar sentado sobre un banco de piedra mientras leía un periódico gratuito; así pude averiguar al fin en qué día vivía.

Cuando me hallaba absorto en la lectura de una noticia sobre una plaga de ratas, escuché una voz a mi lado:

"No sabes lo orgulloso que estoy de ti", dijo, al tiempo que una leve vaharada golpeaba mi mejilla derecha.

La sorpresa y la alegría templaron mi sobresalto, quizás porque había deseado con todas mis fuerzas poder hablar con él desde la última vez que nos vimos.

"Y me apena verte así", continuó. La voz se palpaba cálida, familiar. Era como tenderse, en pleno invierno, sobre una alfombra frente a la lumbre de una chimenea.

miércoles, 19 de noviembre de 2008

El alzamiento


El sonido de una turba atrajo mi atención nada más salir del pasaje donde se ubicaba la pastelería. Era una concentración de personas que se estaban manifestando. No soy amigo de expresar mis discordancias con lemas ridículos recitados a garganta partida en mitad de la calle, pero he de reconocer que ese vehemente clamor entró por mis oídos, se recreó en el cerebro, y alentó mis cuerdas vocales para unirme a ellos. Sentí una oleada de orgullo patriota y furia posesiva porque, sin comprender siquiera lo que vociferaban, interiormente sabía que me afectaba de forma directa.

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