martes, 25 de octubre de 2011

Mi primer día de clase


«Pobres ilusos, creen que llegarán a ser algo y apenas son conscientes de que, para lograr el ansiado éxito, tan solo hace falta un golpe de suerte. ¡Ay! Si pudieran verme, si pudiera contarles... Yo también lo intenté en su momento, no cejé en mi empeño por alcanzar el súmmum de la narrativa contemporánea, mas lo único que conseguí fue una plaza post mórtem en el Ateneo para toda la eternidad. Y heme aquí, no más que un espectro errante entre libros y generaciones efímeras de alumnos esperanzados.

lunes, 24 de octubre de 2011

El próximo en llegar


Hace tiempo me preguntabas por qué no te dedicaba algún texto, o por qué no presentaba en algún relato un personaje a tu imagen y semejanza, o, al menos, con ciertas reminiscencias tuyas. Amigo, creo que el día ha llegado. Y no lo haré desde la nostalgia, ni desde palabras fatuas. No, amigo, lo haré desde la alegría que supone volver a reunirme — reunirnos — contigo.

jueves, 6 de octubre de 2011

La gran manzana


Esta mañana, con pocas horas de descanso y el ojo izquierdo renqueante por una pequeña conjuntivitis, tomé el metro, como siempre, escuchando música. A mis auriculares llegó una compilación de piezas musicales un tanto extraña: Lacrimosa, del réquiem de Mozart; Stairway to heaven, de Led Zeppelin; Imagine, de John Lennon; Ich will bei meinem Jesu sachen, de la Pasión según San Mateo, de Johann Sebastian Bach; Hallelujah, de Jeff Buckley, y unas cuantas más del mismo palo. Todas las canciones muy bonitas, sí, pero no eran la mejor forma de afrontar una jornada de trabajo, parecía como si fuese haciendo el trayecto hacia mi muerte.

martes, 13 de septiembre de 2011

Cinegética


(o cómo jugar por primera - y última - vez a ser poeta)


Hoy quiero jugar al poeta cinegético,
disparar al ave que no quiere volar
y se pliega en un gesto hermético,
celosa de su ideología contumaz.
Ideología que no es más
que la consecuencia de su experiencia,
que impide que la luna acicale su pecho,
que pone la máscara sobre el rostro
de quien no la quiere llevar.
¿Qué es amar sin confiar,
ni saber,
ni desconfiar,
ni querer saber?
Me hablas de libertad y espiritualidad
mientras te obstinas en continuar
con los pies y la cabeza bajo un arenal.
Pero entiéndelo, nada te pido,
solo quiero que me escuches,
aceptes mi entrega,
y no rechaces con tu boca
el alimento que te quiero ofrecer,
como metralla de puré
en boca de una niña
a quien le robaron las ganas de comer.

viernes, 29 de julio de 2011

Veintinueve


Existe una librería en mitad del camino de baldosas grises. No es una librería corriente, pues, para empezar, no hay dependientes y los libros no se compran. Además, no existen libros disponibles en tantas otras, se trata de un lugar donde cada libro es único y a cada cual le corresponde el suyo. Rara vez se te aparece la puerta de acceso, pero no dudes que, si te brinda la oportunidad, debes entrar y dejarte llevar por el tacto de los libros usados, de páginas amarillentas y aroma a humedad, encuadernaciones precarias, manchas de café y esquinas dobladas. Permite que el sentido que en numerosas ocasiones te eriza el vello sea quien elija en tu lugar.

jueves, 7 de julio de 2011

Mar de la desconfianza


En mitad del infinito desierto se encontraba un casi infinito mar con un islote rocoso en el centro, a cuya escarpada y yerma superficie hubieron llegado, tiempo ha, dos náufragos nativos de un lugar que quedó selectivamente olvidado por sus cerebros. Llevaban la cuenta de los días por medio de una larga serie de incisiones efectuadas con un cuchillo sobre el suelo pétreo, hasta que llegaron a circundar el área, el último día alcanzó al primero, y tuvieron que iniciar una segunda hilera. No tenían comida ni bebida, se alimentaban e hidrataban con la rica conversación mutua.

domingo, 3 de julio de 2011

Armageddon


La pasada madrugada se acabó el mundo. Varios asteroides colisionaron contra nuestro arcaico y extinto planeta y este se resquebrajó por los cuatro costados – con lo cual acabó por confirmarse que ni era esfera, ni geoide, sino un perfecto cubo de seis caras –. No se quejó, suficientes achaques tenía ya, y al fin descansa en paz, empero, el hombre se dio cuenta de cuán miserable había sido su alma e insignificante su cárcel de piel y hueso. Los astros se rieron de su efímera existencia y lo aplastaron con sus enormes zapatos como un elefante a una hormiga.

lunes, 27 de junio de 2011

Príncipe azul


A sus oídos habían llegado poemas acerca de un lugar lejano donde yacía un corazón dormido durante largos años y que esperaba ser despertado. Por lo que se contaba, se trataba de la oportunidad que había anhelado desde hacía tiempo. Él, un príncipe de cuento, se encontraba hastiado de sus tierras y de las princesas de los reinos vecinos que solo sabían perder zapatos, morder manzanas envenenadas y pincharse con ruecas. Había rescatado de las fauces del cruel destino a todas ellas, empero ninguno de aquellos romances hubo durado más que unos insípidos años que algunos trovadores, mediante hipérboles, convirtieron en por siempres. Necesitaba un cambio de aires, de modo que se había lanzado a la aventura a lomos de su refinado corcel.

miércoles, 22 de junio de 2011

Casiopea


Un montón de chatarra se agita entre una cantidad inmensa de basura. Por aquel lugar, un inmenso estercolero con montañas de basura en mitad de un infinito terreno yermo, no resulta común ver semejante hecho, dado que lo único que por allí se mueve suele ser el camión de reciclaje y sus ingentes toneladas de aparatos obsoletos que otrora vivieron tiempos mejores, si el verbo vivir, como ya ha quedado claro, puede ser aplicado a un montón de chatarra. Lo cierto es que dicha chatarra se mueve, y además parece nerviosa. En ella se intuye una bombilla cuya tímida luz parpadea a intervalos.

martes, 7 de junio de 2011

Politicosis


Sucedió que se extendió una nueva enfermedad a la que los epidemiólogos bautizaron como politicosis. A raíz de la misma, en la comarca se formó un auténtico escándalo, pues quienes se aquejaban de tan peligroso síndrome eran ni más ni menos que los más excelsos vecinos, gobernantes de confianza, de toda la vida. La mayoría silenciosa, los no infectados, se dejaron invadir por el pánico y enseguida tomaron cartas en el asunto, organizaron un levantamiento espontáneo y declararon en cuarentena el Ayuntamiento, sellando sus puertas para no dejar salir a nadie. Al cabo de los días, los enfermos, enajenados por su mal, comenzaron a arrojarse desde las ventanas y los desafortunados que sobrevivieron a la caída tuvieron que huir hacia un lugar donde fuesen admitidos. Al parecer la mayoría emigró a la Metrópoli, donde quizás encontraron a muchos como ellos, pero de entre los supervivientes hubo un único hombre que decidió ponerse bajo tratamiento. El médico de la comarca le aconsejó que se fuera distanciando de las prácticas políticas de forma gradual, pues el síndrome de abstinencia provocado por la interrupción de la actividad tendría efectos devastadores en su psique. Asimismo, le recetó trabajos sociales como medicación para combatir los síntomas.

domingo, 5 de junio de 2011

Campos de cultivo


El niño recorrió en pañales las calles del barrio musulmán, un arrabal de la metrópoli, salió de él y continuó decididamente hasta una vía de escape en la frontera, era demasiado joven para entender de normas. En ningún momento había aflojado la presión inconsciente con que aferraba el maletín, como si contuviera el último botín de su civilización.

Prosiguió con su incierto itinerario a través de un embaldosado gris, a cuyos lados se extendían brunas planicies sin más decorado que interminables surcos de tierra removida, y cuando ya no pudo dar un paso más se sentó en la linde del camino y volvió a abrir el maletín con curiosidad gatuna. Sus dedos rollizos exploraron más detenidamente y descubrieron un doble fondo donde se ocultaba un pequeño sobre con la inscripción "anti alopecia". Dentro del mismo reposaban unas cuantas píldoras diminutas, imaginó que eran semillas y se puso a jugar a los granjeros, las enterró en el suelo, siguiendo los surcos del terreno arado pero aún por cultivar, cual si fuesen la simiente de un vegetal, y cuando hubo terminado con ellas cayó dormido allí mismo, exhausto.

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